Toda la villa estuvo amurallada, pero sólo en la parte norte, unos pequeños restos, testigos mudos de lo que en su momento llegara a ser, se muestran impasibles.
En el Palacio de Aldamar, sobrio edificio del siglo XIX, dió sus primeros pasos en el mundo de la costura Cristóbal Balenciaga, recibiendo el apoyo de Doña Blanca de Aragón, madre de la reina de Bélgica, Fabiola de Mora y Aragón.
Hoy en día es la sede del Museo Balenciaga.
El Monte San Antón, (mas conocido como Ratón de Getaria), fue una isla hasta el siglo XV, pero quedó unida al pueblo por lo que llaman brazo de tierra. También sirvió de atalaya para la caza de la ballena y como baluarte.
Donde ahora se encuentra el faro, antigüamente hubo una ermita, la de San Antón. Debajo del muelle había otra, pero en el año 1813, las tropas francesas dejaron plasmada su huella, volando ambas antes de su retirada.
Llamó mi atención la Iglesia de San Salvador, y sabiendo, como sé ahora, que es una de las mayores joyas góticas que posee el País Vasco, no me extraña que me cautivase de ese modo. Desde el año 1895 ostenta el título de Monumento Nacional. Se construyó entre los siglos XIV y XV sobre los restos de un antiguo templo. Curiosamente se encuentra hecha cuesta arriba, debido a la inclinación del terreno.
En 1397, en este templo se fundó la Hermandad Guipuzcoana, que sería el germen del actual Territorio Histórico de Guipúzcoa.
Su casco monumental no es demasiado extenso, como tampoco lo es su extensión territorial, pero no lo necesita, si te paras y observas, notarás el sabor de hogar que aún rezuma su historia.
Yo aún lo siento.
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