Se fundó en 1310 en El Valle de Iraurgi y la bautizaron con el nombre de “Garmendia“. Al año siguiente la volvieron a bautizar con el de “Salvatierra“. Aunque este tampoco fue el definitivo. A mediados del siglo XV pasó a llamarse, en todos los documentos oficiales Azpeitia.
Y comento esto porque entre otras cosas, cumple ahora 700 años, y yo, claro está, no podía faltar a la cita.
El recorrido hasta llegar a la villa, lo hice, atravesando enormes bosques de esa Guipuzcoa profunda que tantas cosas me transmite.
Mi retina estallaba con el estupor de un verde intenso, coronado por azules y matices de blancos rotos difuminados sobre el lienzo.
Un cuadro perfecto.Entre algunos de sus monumentos encontré la Parroquia de San Sebastián de Soreasu, asociada a los Templarios, que en el siglo XVIII y debido a su deterioro, reconstruyó Ventura Rodríguez.
Un estilo gótico Vasco se deja entrever entre sus piedras, bien dispuestas y perfectas en líneas.
Casa Enparan, Palacio de Antxieta, Basozabal y la Ermita de la Magdalena, también fueron objeto de mi cámara.
Pero el verdadero motivo de mi visita………………………………………….
Las antiguas cocheras del Ferrocarril de Urola.
El primer ferrocarril eléctrico de España, que tras el cierre de la línea (que pena) y sin hacer apenas modificaciones, se ha instalado el Museo Vasco del ferrocarril.
Retrocedí en el tiempo entre máquinas de vapor, viejos vagones, billetes ticados de diferentes trayectos y lugares, poleas de distribución que impolutas y dispuestas en orden, siguen aprovechando esa mínima potencia ”in extremis”.
Líneas de tranvías conducidos con habilidad y sabiduría, gracias al conductor, que a su vez hizo de supervisor, en mi corto pero intenso viaje.
Dios!!!! Como disfruté!!!!!
Me convertí en una niña estrenando asiento, en un tren que me llevó, por espacio de una hora, a un lugar llamado….. FELICIDAD.
Uuuuuuuuhhh!!!!! Txuku, txuku, txu!!!!!
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