El principio de mi erotismo. (2ª parte)

 

 

Un tímido rayo de sol  se introduce por la ventana acariciando mi rostro, deslizándose por mi cuerpo y  quedándose a reposar en una foto que descansa sobre una balda de un pertrechado mueble, ausente en el tiempo.

Su destello ciega por momentos, y de ese modo  me conduce hacia la senda del placer. Quiere llevarme deprisa y sin convencimientos, pero no los necesita, yo me dejo arrastrar, sin objeción, porque mi sexualidad contenida me pide paso.

 

 

Y mientras tanto, saboreo  mi café, moviendo lentamente la cucharilla y lamiendo los restos de espuma que queda impregnada en ella, como si fuese una lengua ardiente, ávida de deseo, intentando  estrangular a la mía.

Tags:

Deja un comentario