El principio de mi erotismo (6ª parte)

 

Percibo un penetrante olor. Una mezcla entre sudor, humedad, perfume caro, café, alcohol, no sé distinguir, pero todos me envuelven.

Sigo en la misma posición y sin poder deshacerme de mis ataduras, pero no me molestan, más bien todo lo contrario, provocan  en mi ráfagas de morbosidad que me inundan.

De pronto siento como la suavidad encarnada recorre mi cuerpo lentamente.

Empieza por los dedos de mis pies, no sé cómo lo hace pero jamás nadie me hizo sentir algo así.

Se va deslizando lentamente por las piernas, deteniéndose por un instante a descansar, y a beber del manantial de mi sexo.

No espera demasiado porque descubre el placer que me produce y prosigue su camino, quiere prolongar el momento, quiere hacerme enloquecer. Y yo me dejo.

 

 

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