El principio de mi erotismo (7ª parte).

 

Desbordada de placer grito en un mero intento de recibir más al instante, aunque nadie sucumbe a mis ruegos.

No sabría decir muy bien cuál ha sido el intervalo de tiempo entre mis suplicas y lo que he empezado a recibir, pero me ha parecido una eternidad.

Acarician  mi pelo, la nuca, el cuello, los hombros, mis labios……que dulce sabor. Siento unos dedos  cruzándose con mi frenética lengua, los meten y los sacan incansables. Los gemidos acrecientan la tensión, la humedad se puede cortar, el olor a sexo es palpable y mis ganas de recibirlo inagotables.

Un cóctel que a la menor agitación, se derramará, sin apenas haber probado su sabor.

Repentinamente y sin previo aviso, algo o alguien sujeta mi cabeza, que aún permanece en la misma posición en la que me dejaron, la eleva  ligeramente, para así, poder  introducir mejor dentro de mi boca, esa  verga erecta, que me sabe a gloria.

 

 

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