Cómo me gusta estar en esa posición. Hace que mi sensibilidad se desborde y me haga perder el equilibrio racional, porque el emocional, boca abajo, no existe.
Pienso en voz alta que no quiero que esto se acabe y suplico que sea así.
Los bruscos e inagotables movimientos de mi cuerpo, deshecho en deseo, traza surcos en la arena, caminos, visiblemente perceptibles, a sonrosados visitantes que se van aproximando a paso lento y seguro hacia mi.
Una jauría de penes, hambrientos de sexo, abren la puerta a esa antesala que estoy decidida a descubrir.
Van llegando dispuestos a hacerme estallar, una y mil veces, sin dar tregua al descanso. Intuyo que tienen capacidad para decidir y nadie mejor que ellos mismos para acertar con tal decisión.
Jamás tanta satisfacción desatada había provocado en mi un nivel tan intenso de locura.
Extiendo mis manos agónicamente, intentando capturar alguno para meterlo en mi boca y deshacerlo en ella.
Por fin, consigo hacerme con uno.
Su color tostado y el tamaño de su glande me hacen pensar que será difícil dejar que escape.
Mientras me deleito con su incomprensible sabor no dejo de notar que todo mi cuerpo esta siendo acariciado con dulzura a la vez que lo muerden con rabia, lo lamen con avidez humedeciéndolo “in extremis”.
Un grito se escapa de la profundidad de mi insostenible éxtasis al notar como soy penetrada, en esa excitante postura que tanto despierta en mi.
Noto que no sólo un miembro se apodera de mi sexo, al menos dos se disputan la estancia dentro de ese pequeña y húmeda cavidad recién conquistada.
De sobra saben que no voy a oponer resistencia a que lo hagan, mas bien todo lo contrario, es parte de lo que ya venía imaginándome que sucedería y les abro paso haciendo un rápido gesto con mis piernas.
Los movimientos no cesan y mi placer se hace eco de mis gritos.
¿Puede ser que también estén violando esa zona de mi cuerpo, restringida a todo paso?
Lanzo la pregunta y tan sólo mi nombre por respuesta.
No pretendo detener la acción que tanta duda me crea, porque sé que en el fondo el morbo me induce a desearlo con desesperación.
Yo misma saco al deseado pene de mi boca y le llevo hacia ese desconocido lugar del que poco se sabe y todo se sueña, para que sea el primero en atravesar la barrera de lo prohibido y lo convierta en coto de caza para insaciables e insatisfechos miembros que no dudan en dirigir sus pasos hacia él.
Desfilan ante mis ojos y lo hacen como a cámara lenta, repitiendo mi nombre. Primero es una especie de susurro, de murmullo a lo lejos, pero poco a poco va aumentando el tono y acercándose, hasta sentir como empiezo a moverme, desplazándome a uno y otro lado.
Y de nuevo mi nombre acompañado de una pregunta:
_ Nelly, ¿Quieres más?-
- ¿Quieres más?
- ¡¡Nelly!! ¿Quieres más café??-
_ Lo tienes helado. Te has quedado dormida sobre la mesa. ¿Qué hacías?, A ver…………………. “El principio de mi erotismo”…………….. Debe ser una historia erótica, ¿verdad?. …………¡¡A que sí!!.
- ¿¿Me dejas leerla??-
Tags: Personal














