Artículos etiquetados como ‘Historias que dejan ver’

Un paseo por la música.

Casi todas las mañanas, tras tomarme el café, como por orden religiosa y para no perder la costumbre, me dispongo a ejercer mi cargo de “Rodriguez” (ese que a casi todos los hombres, y sin ánimo de desmerecer a ninguno, les vuelve locos, y no precisamente de alegría).

Me  planto los cascos (para no molestar al vecindario con el volumen del equipo de música) y sin querer, se va pasando el tiempo, la casa va quedando organizada y yo apenas si lo he notado. Es curioso, pero así es, sobre todo y dependiendo del tipo de música que suene en ese momento se puede alargar o acortar la tarea.

Precisamente por uno de esos temas en inglés, que entiendes pero que siempre se escapa algo(cuando tu nivel no llega a ser el adecuado, como el mío, claro) he sentido curiosidad por saber lo que realmente me estaba comunicando.

Así que como la mayoría de los mortales, me he ido a preguntar a mi querido amigo google, que bendito sea, porque vamos,  lo sabe todo. Leer el resto de la entrada »

Primer día de cole.

La inmensa mayoría de niños y niñas han dado ya comienzo a las clases que dejaron apartadas durante el período vacacional. Como todos los años, llegadas estas fechas, empezamos a coger aliento para retomar de nuevo nuestra cotidianidad ciudadana. Atrás va quedando el intenso moreno que durante días nos empeñamos en irle  robando al sol, esa cañita con su pintxo (o tapa) que al estar  rodeados de buena gente saben mejor. Ese encuentro con la familia ya transformado en despedida. Tantas pequeñas cosas que nos han hecho llevar el verano, simplemente, a nuestro aire.

Pero, ¿ porqué recibimos con desagrado al invierno? no todo el mundo puede disfrutar por igual de  su veraneo. Hasta posiblemente nuestros hijos se vean influenciados por nosotros al escuchar constantemente:

-Vaya, otra vez al trabajo-

-Se acabó lo bueno, vuelta a la rutina-

-Yo me pongo malo sólo de pensar que tengo que volver al mismo sitio de siempre-

Pues sí, así somos la inmensa mayoría. Inconformistas.

Pero, aún y todo, el primer día de colegio,  sigue siendo un tanto especial. Sólo hay que detenerse un momento y pararse a observar. Leer el resto de la entrada »

Contratiempos.

En la vida sufrimos altibajos debido a las circunstancias que nos rodean. Nuestro estado de ánimo cambia tan deprisa que a veces ni nosotros mismos nos damos cuenta. Es como si todos girásemos dentro de una ruleta y nos va tocando el turno. Unas veces  se gana y otras  salimos perdiendo.

Evidentemente cuando te ha tocado perder en más de una ocasión, te preguntas que porqué te ha tocado a ti, ¿porque no al siguiente?. En  este caso podría ser la vecina del sexto,  que siempre que  se le cae algo al patio interior,  encima se queja. ¿O porqué no, a la mamá  que trae al cole a su pequeño retoño, vestido religiosamente de Burberry,  hasta los slips, porque su papi está podrido de dinero, y por eso su estupendísima mami está a la última en retoques estéticos?. También le podría tocar perder a toda esa gente que se aprovecha del bien ajeno, desempeñando cargos que les dan opción a ello. Pero claro, casi siempre son los más desvalidos, los que poco tienen o nada les queda, los que por norma salen perdiendo. Leer el resto de la entrada »

La caja. Punto y Final.

Observó sus manos agrietadas. Sus dedos largos y perfectos eran ahora como secas ramas pequeñas y  retorcidas.

Su cara llena de surcos y de un color canela intenso no le distinguían del hombre que era al hombre que fue. Su espalda,  recta y perfecta había quedado reducida a una curvatura  que  impedía el más leve movimiento. Leer el resto de la entrada »

La caja. 5ª parte

Fue entonces,  cuando apretó fuertemente la caja contra su pecho, envolviéndola con sumo cuidado entre los pliegues de su camisa  y dejó que sus piernas,  en un acto reflejo,  le alejasen de allí.

La extenuación fue la encargada de cogerle de la mano y recostarlo al abrigo de un viejo chaparral , dejando que dormitara cobijado por su sombra, mientras transcurría el tiempo sin apreciación.

Le despertó un enjambre de palabras unidas a algún retrospectivo mensaje que en algún momento de su vida pasó y llamó a su puerta pero él, ese hombre extenuado, perdido, ni siquiera hizo ademán de querer abrir.

Uno tras otro pasaban ante su memoria, regocijándose ante él y lo único que podía hacer era arrepentirse de todo lo que pudo ser…. y nunca fue.

Se decía a si mismo:

“No he buscado la belleza en la sencillez de mis momentos”

“He dado a mi cuerpo lo que un día perderé, y no he regalado a mi alma lo que podría conservar eternamente”

“Mi existencia no está llena porque mi corazón está vacío”

“Sólo me he ocupado de tener….NO de ser”.

Todo ello eran crudas vivencias que en su día crucificaron su identidad….

La caja. 4ª parte.

Sin saber con exactitud cuanto tiempo había transcurrido y con la misma impulsividad que la vez anterior, se atrevió a coger otro de aquellos papeles que quedaron presos en el interior de aquella caja desgastada.

Y sus ojos cansados se dejaron llevar por el son de aquellas letras:

” ¿Cual es tu sentencia después de juzgarte? ”

Un intermitente tropel de imágenes transitaban en desorden por su mente, atropellando con crudeza su realidad….

La caja. 3ª parte.

Ante sus ojos, unos cuantos papeles doblados minuciosamente, descansaban en su interior. Esperaban con infinita paciencia, a que unas manos, las suyas, dibujaran trazos en ellos, deshaciendo los pliegues que durante tanto tiempo habían permanecido intactos.

Con dilación constante, cogió uno al azar. Y lleno de una exaltante ansiedad, se perdía en su contenido:

“No juzgues, sin haberte juzgado antes a ti mismo”

Durante unos minutos,  segundos tal vez,  su mente trabajó sin descanso, buscando una actuación que no fue la esperada.

La Caja. 2ª parte.

Una caja vieja, deteriorada, cubierta de heridas que el tiempo dejó, se abría paso entre la arena y  pequeñas briznas de un verde intenso. Con calma y cuidado desmesurados, la extrajo lentamente del que había sido su aposento.

Por un instante sintió el impulso de frotarla, pero se limitó a soplar entre los surcos de madera que, repletos de arena, impedían verla con total claridad.

_ No es mas que una caja_  se dijo a sí mismo.

Aun así, la curiosidad luchaba en su interior contra la incertidumbre y el miedo.

Curiosidad…a descubrir.

Incertidumbre…por ser desconocido.

Miedo….al fracaso.

Venció la curiosidad, la cual fomentó el impulso de levantar con su mano la tapa, cerrada con una diminuta pestaña, que dejaba al descubierto su contenido…….

La caja. Primera parte.

Un cálido atardecer de mediados de Julio, un hombre,  taciturno y solitario, se dejaba guiar por sus propios pasos,  entre un disperso bosque, quebrado por un minúsculo sendero.

Ávido buscaba algún punto en la lejanía que le indicase por un momento hacia donde dirigirse.  Sus inquietos ojos nublados, probablemente por la invasión de recuerdos,  impedían la tarea.  A ratos, el descanso sobrevenía,  postergado en el sonido de su respiración y dejándose  abrigar por un manto de suspiros.

Sin saber durante cuanto tiempo había permanecido en ese estado, prosigió  el camino, levantando tras él una tenue polvareda que hacía sombra al lamento.

Transcurría así el día. Un paso daba lugar al siguiente y un cruce marcaba de nuevo una decisión. Habían sido ya varios  y este hacía que de nuevo la duda acudiera a visitarlo.

Sólo por un instante fijó la vista mientras decidía cual sería el camino escogido. De entre unos tímidos matojos y casi enterrada en la arena, asomaba ella……..