Artículos etiquetados como ‘Pedazos de mi libro’

Una vida contigo. 3ª parte.

-Y cuándo lo harás?, No, no me lo digas. 

No quiero que me ahogue la angustia  pensando en ese momento. 

Quiero decirte tantas cosas antes de…………”

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Una vida contigo….2ª parte

No me digas nada- dijo ella- Sé que tendrás  que marcharte.

No te pido que pienses en un futuro, sino en un presente. El futuro no existe, no puede existir sin ti y sin mi.

Aquellas palabras eran como un martillo golpeando sin ningún escrúpulo su mente. 

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Una vida contigo…..1ª parte

Todo ocurrió tan inesperadamente, que no quedó tiempo para despedidas.

A lo mejor era eso lo que realmente querían. No tener que sufrir al verse obligados a alejarse.

Fue algo tan intenso lo que vivieron, tan especial, tan tierno, tan único para los dos, que ya ninguno sería capaz de olvidarlo………

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Pedazos de mi libro.

Fue todo un compendio de cosas:

emociones ,sensaciones, belleza,serenidad, todas ellas, unidas al deseo, hicieron de aquella atracción una ansiedad.

Estaba vistiéndose y pensaba si a él le gustaría aquella camiseta. Dejaba uno de sus hombros al descubierto. Mirándose al espejo, dejaba atrás la realidad y daba paso al que irremediablemente se había convertido en la mayor de sus pretensiones.

Ya sólo podía imaginarle así. Acariciando su cuello, rozándola con su lengua, refugiada en sus brazos.

Soñaba sentirle y no morir después de hacerlo.

 

La Verdad Escondida.

Una dulce sonrisa que llenaba su universo…………………… Leer el resto de la entrada »

Pedazos de un libro.

La luz que llegaba a sus ojos era artificial. Una decena de grandes ventanales  alrededor de la estancia, permanecían cerrados y mudos al dolor.

Las mismas cortinas que colgaban casi desde el mismo techo, se desplegaban como abanicos rotos, arrastrando por el suelo sus deshechos.

Frente a la hermosa y antigua cómoda, la cama matrimonial, daba apoyo a un gran espejo que se desmoronaba ya apenas sin aliento.

Lo que más llamó la atención a Leire fue un inmenso baúl, tallado con escenas que no llegaba a comprender, aunque no quiso perder el tiempo intentando averiguar lo que más tarde le vendría dado.

Ella prefirió dejarse llevar por un suave aliento que pronunciaba su nombre, por unos labios que gritaban en su piel, y por una cálida lengua que ardiente deshacía su boca.